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Publicado el 6 de junio de 2022 en la Newsletter #14 de 'Liderazgo Colaborativo'.

La psicología lo tiene claro en esta distinción: tu personalidad es cómo eres y tu identidad quién eres. Veamos las diferencias.

Personalidad

La personalidad es la manera en que te comportas en el mundo. Por decirlo de una manera más formal, son “los patrones de conducta que hacen a una persona única de los demás”. Los expertos también dicen que “es una construcción psicológica que se refiere a un conjunto dinámico de las características psíquicas de una persona, o sea, la organización interior que determina que los individuos actúen de manera diferente ante una determinada circunstancia”.

Normalmente, solemos ponerle un adjetivo. Eres perezoso, eres atrevido, eres nervioso.

Hay tres cosas importantes sobre la personalidad:

  1. Se desarrolla conforme vas evolucionando.
  2. Suele ser estable a lo largo de la vida. Esto hace que se pueda categorizar. Son los famosos tipos de personalidad, que tanto se buscan en algunos test como The Big Five o el MBTI. Las manifestaciones de un patrón presentan, en diversas situaciones, un grado de diversidad. Por ejemplo, los INTP, como Hermione, la compañera de aventuras de Harry Potter, corren a la biblioteca en busca de información cada vez que tienen un problema en su vida. 🤓
  3. No es algo personal, sino que está en relación con los demás, que pueden evaluar.

Por tanto, hablamos de “el conjunto de emociones, sentimientos y pensamientos ligados a un comportamiento”.

Desde hace muchos años, las empresas usan los arquetipos de Jung para atribuir una determinada personalidad a sus marcas. También los guionistas para crear personajes.

Yo soy así y así seguiré. Personalidad de marca. -

La categorización que suelo utilizar para las organizaciones es la basada en las 6 necesidades básicas humanas.

Identidad

La identidad es la respuesta a ¿quién soy?. Mientras la personalidad son las características que nos hacen únicos, la identidad es la serie de conductas, habilidades y creencias que se tienen de sí mismo.

Volvamos a lo que dicen los expertos: “La identidad comparte su definición con la capacidad que tiene cada individuo de reconocerse en base a sus habilidades, áreas de oportunidades y defectos, creencias, valores y todo aquello que los impulsa y los hacen ser quien son”.

A diferencia de la personalidad, es un concepto relativo a la persona, no puede medirse y no es evidenciado por terceros sino por la persona misma. Así que cuando nos toca presentarnos en público estamos mostrando nuestra identidad. Lo mismo ocurre con las organizaciones.

La identidad corporativa se conforma respondiendo a estas seis preguntas, de las cuales las tres últimas apelan al lado emocional:

  • ¿Quiénes somos?
  • ¿Qué hacemos?
  • ¿A quién beneficia esto?
  • ¿Cómo queremos trabajar juntos?
  • ¿Por qué hacemos lo que hacemos?
  • ¿En qué queremos trabajar juntos?

Los dos grandes engaños sobre la identidad

Hay dos grandes malentendidos sobre la identidad que pueden llegar a fastidiar la vida de una persona.

Según uno de los impulsores de la Programación Neurolingüística (PNL), Robert Dilts, en su pirámide de los niveles lógicos, cada persona nace en una cultura, una familia, un país o una sociedad determinada que nos enseña las cosas que podemos hacer. Ese entorno nos condiciona, mediante premios y castigos, con los que desarrollamos nuestro comportamiento.

Así que aprendemos a vivir en ese entorno, con unos determinados comportamientos que se forjan por el ejemplo de otros, la observación o la experiencia. A partir de esos comportamientos, desarrollamos unas capacidades. En el colegio o en casa, nos damos cuenta que somos buenos en algo, un deporte, pintar, un instrumento musical o escribir. Es nuestra habilidad especial. Y, el conjunto de todas nuestras habilidades son nuestras capacidades.

Al crecer y confrontar lo que nos va pasando, vamos configurando unas creencias, que se asientan sobre unos determinados valores. Es lo que creo sobre mí mismo, nosotros, las cosas o el mundo. Son las gafas con las que valoramos el exterior. Las creencias es el combustible que mueve el mundo. Si crees que puedes lograr algo, lo harás; si te pones límites, no lo harás.

Sobre nuestros valores y creencias se asienta la identidad, que es la suma de todo lo anterior: valores, creencias, capacidades y comportamientos de una persona en un entorno determinado. Como hemos dicho, la respuesta a la pregunta quién soy.

(Después, hay otros dos niveles más, que resumiré brevemente. Cuando tomamos conciencia de nuestra verdadera identidad, descubrimos nuestra misión, el famoso ikigai o para qué. Y, cuando alcanzamos la plenitud, entramos en un estado de auto-realización, de conexión con tu ser interior, alma, fuerza o el nombre que le quieras poner a su esencia).

Aquí van los dos engaños:

1. No somos aquello a lo que nos dedicamos

Todo el rollo de la pirámide de Dilts es para concluir que nuestra identidad es mucho más que nuestra profesión, nuestro uniforme o la bandera de nuestro pueblo. Generalmente, asumimos que somos aquello a lo que nos dedicamos o el entorno donde nacimos. Y es falso. Esto es lo que dice Dilts:

En el referente identidad (quién), nuestro yo se relaciona con nuestros roles sociales y con quienes sentimos que deberíamos ser o tendríamos que ser para conseguir la aprobación o el reconocimiento.

No eres un uniforme, eres la persona que está dentro: tus valores, tus creencias, tus comportamientos (personalidad) y tus capacidades.

No eres lo que haces. Cuanto antes lo descubras, te ahorrarás la crisis cuando te despidan de tu trabajo o te jubiles.

2. Lo que (te) dices: diferencia entre la grandeza y la mezquindad

Si te fijas en los concursos televisivos, algunos jurados van buscando sangre y atacan directamente a la identidad de los participantes: “Eres esto (normalmente peyorativo)”.

Algunos padres actúan igual con sus hijos pequeños, condicionando, sin saberlo, el resto de sus vidas.

Cualquier cosa que asumamos como parte de nuestra identidad comenzará a ejercer un impacto muy profundo en nosotros.

Podemos dejar de ser tan mezquinos y alcanzar la grandeza cambiando lo que les decimos a las personas sobre su identidad: ¡eres un ser maravilloso!

Tip: comienza a dar retroalimentación sobre lo que se ha dicho o hecho mal, no sobre la identidad de una persona.

Pero, también lo podemos hacer con nosotros mismos. Cuidado con lo que te dices.

Tip: Deja de pensar que eres incompleto porque te falta algo que otra persona tiene. Ya eres perfecto. Dios te creó así. Cuando antes lo asumas, antes podrás empezar a brillar. Y, recuerda, cuando alguien te compare o te diga como tienes que ser, empieza a mirarle como lo que realmente es: un mentecato que se quiere poner por encima de Dios y no ve el tesoro de la persona única que ya eres.

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Sobre el autor

Eduardo Toledo

Mi pasión es descubrir nuevos territorios y cartografiarlos. Voy en la búsqueda de un nuevo mundo: una tierra llena de personas íntegras y plenas.

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@Eduardo Toledo Inclan (España)