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Publicado el 27 de junio de 2022 en la Newsletter #27 de 'Liderazgo colaborativo'.

Esta semana tuve lo que podría llamar un viaje a mi visión soñada del mundo: un lugar de personas plenas y conscientes de la grandeza del ser único que son, que se relacionan como tal.

Ese lugar existe y es un colegio. Tuve la gran suerte de visitarlo. Niños de menos de 12 años que aprenden y se relacionan así, de manera colaborativa.

De momento, os anticiparé cuatro claves fundamentales:

  1. Conectar talentos. Lo que más me llamó la atención es que hay un tablero en la pared en la que los alumnos van apuntando los talentos que van descubriendo que tienen: creatividad, deportes, mates, música, ajedrez, rapear, pintar, ideas, acrobacias y así. Cada mañana, al llegar a la escuela, se organizan su agenda para el resto del día. Si quieren aprender algo que les interesa, buscan quién tiene ese talento y acuerdan que se lo enseñe. Lo ponen en otro tablero y cualquiera tiene la puerta abierta para apuntarse. No sólo desarrollan la competencia de aprender y enseñar, sino la de apreciar aquello único que tienen y cómo otros lo pueden valorar. ¡Esa red de contactos espontáneos, de ofrecer lo que tienes y buscar a quien te puede dar lo que necesitas, es tan parecida a la forma de trabajar de nuestro cerebro, en donde las neuronas danzan en un baile que busca hacer conexiones entre ellas!
  2. Expresar emociones. Al final del día hay una reunión en grupo para compartir qué se ha aprendido y cómo ha sido la jornada. Hay completa libertad y respeto para mostrar las emociones: ¡hoy he estado enfadado! ¡hoy he estado triste! Las emociones están integradas y se aceptan como tal.
  3. Proyectos personales. La premisa es que el aprendizaje sucede en todo momento y cada estudiante tiene tiempo para trabajar en su proyecto personal: un juego para aprender mates, por ejemplo, para cuya realización van pidiendo consejo a los compañeros sobre aquello que no saben. Una vez a la semana, los jueves, hay una reunión que llaman ‘la feria de los proyectos’, en las que se muestra al resto de la clase, compuesta por niños de diferentes edades, en qué han trabajado. El viernes se dedica a salir fuera de las aulas y relacionarse con el mundo exterior.
  4. Profesores como facilitadores. Los profesores acompañan a los alumnos en su aprendizaje autogestionado. Observan, sugieren, acompañan. Son más facilitadores del aprendizaje que el habitual rol de profesor que se sube al púlpito a adoctrinar y sentar cátedra.

En una próxima edición os daré todos los detalles. De momento, solo quiero crear hype (antes se decía expectación).

La primera generación

Sí quiero compartir el pensamiento que tenía cuando volvía a casa.

Muy probablemente había visto a la primera generación de nativos colaborativos.

Sí, para los que nacimos antes de la aparición de Internet era frecuente la expresión “nativos digitales” para referirnos a las personas que sólo habían conocido la existencia de la red de redes y la tenían perfectamente incorporada a su existencia. De hecho, está tan integrada en su vida que consideran que es la única opción posible. No se imaginan otra forma de hacer las cosas que no sea con un móvil con conexión de datos.

Para estos nuevos nativos colaborativos no hay distinción entre sociocracia, agile, comunicación no violenta, art of hosting y otras técnicas colaborativas. No hay peleas entre consultores por defender tu herramienta sobre las otras.

No. Estos niños las tienen todas integradas y las utilizan inconscientemente. Están engendrando algo nuevo que todavía ni nos imaginamos. Será el fruto de combinar sus talentos únicos y ofrecerlos al mundo.

Sin miedos. Ya los vencieron en la guardería.

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Sobre el autor

Eduardo Toledo

Mi pasión es descubrir nuevos territorios y cartografiarlos. Voy en la búsqueda de un nuevo mundo: una tierra llena de personas íntegras y plenas.

Futuro

@Eduardo Toledo Inclan (España)