Post-agilidad: ¿Qué viene ahora?

28 de abril de 2024 4 mins to read
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La consultora alemana Svenja Hofert lleva tiempo advirtiendo que la gestión ágil de proyectos, que responde a la lógica económica de cómo hacer algo correctamente, más propia de principios del siglo XXI, no nos va a ayudar a resolver los futuros retos humanos. En su opinión, lo que ahora necesitamos es dar respuesta a otra pregunta: ¿cómo reconocemos lo que es correcto?

Cree que, en la actualidad, se está reaccionando en demasía a unos mercados que galopan y dejan pronto obsoleto lo que se estaba haciendo. Ante esto, surge la urgencia por cambiar algo, por actuar.

Las cuatro fases de la agilidad

A la hora de observar la postura de las organizaciones para dar respuesta a esa celeridad en los cambios, ha observado un patrón de cuatro fases:

  1. El cómo. La gente se da cuenta de que el entorno cambió y siente la necesidad de cambiar. Las respuestas llegan por un cambio de normas, métodos, procesos o herramientas, pero dentro del paradigma conocido. Es en esta fase, que denomina «metodología», en la que se adoptan las metodologías ágiles, con el foco en la creación de valor. La pregunta que guía esta etapa es: ¿estamos haciendo las cosas bien?
  2. El por qué. Se entra, entonces, en una segunda fase, que llama «mindsetology», en la que se cuestiona el por qué. Ahora los esfuerzos se centran en la forma de pensar y poner los valores en el centro. Pero, estos valores, según Hofert, siguen encajando en el paradigma anterior y no permiten que lo nuevo pueda surgir. La agilidad, en esta segunda fase, trata de crear nuevas formas de pensamiento y la pregunta guía es: ¿estamos haciendo lo correcto?
  3. El para qué. La tercera etapa, que llama «flexibilidad», surge cuando se vuelve más claro que el cambio debe permitir y fomentar la diversidad. Ahora, lo nuevo puede surgir, pero no siempre sucede. La agilidad, entonces, se preocupa por cómo se pueden cultivar las diferencias en el mismo entorno. Por ejemplo, con la seguridad psicológica. La pregunta guía es: ¿Estamos haciendo lo correcto en el área respectiva?
  4. Nuevos contextos. Finalmente, se llega a la cuarta etapa, en la que se toman las decisiones innovadoras. Se asume que para crear un cambio profundo se deben crear nuevos contextos. En esta cuarta fase de «renovación» surge la duda de ¿a dónde queremos ir?. Hofert lo llama «post-agilidad» porque brotan un montón de dudas existencialistas, en la que no pueden obviarse cuestiones éticas ni el futuro de la humanidad. Entonces, surge la pregunta: ¿Cómo reconocemos lo que es correcto?

Del customer centric al humanity centric

La crítica que Svenja Hofert hace a la agilidad es que le falta una visión global, de conjunto la humanidad, ya que, por su naturaleza, su mirada está centrada en el cliente, en la famosa «customer centricity».

En otras palabras, las organizaciones ágiles tienen en cuenta el presente, pero son muy pocas las que se ocupan del ser humano del futuro. Y, cuando lo hacen, es desde un post-humanismo de innovación tecnológica y robótica, que apunta hacia un hombre-máquina.

Trabajar por dar forma al futuro que deseamos

La propuesta de Svenja Hofert es desplazar la atención del «yo» al «nosotros», desde los valores funcionales de la agilidad (coraje, apertura, compromiso, retroalimentación y enfoque), centrados a la acción, a otros superiores, que se orientan hacia algo más grande que la organización individual o empresarial y que ansían desarrollar el potencial de las personas en beneficio de la comunidad.

Su post-agilidad, que explica en el ensayo 9 del libro «Yo, Nosotros, Todos», dirigido por mi admirado Martin Permantier, versa sobre «plantear preguntas fundamentales y existenciales sobre un nuevo paradigma que aún no podemos comprender en todas sus facetas».

En definitiva, lo que ahora demandan los tiempos no es tanto innovar rápido para satisfacer nuevas necesidades, como proponía el Manifiesto Ágil, sino tener una imagen del futuro deseado, una dirección hacia donde ir y establecer los incentivos para que se cree ese futuro.

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