Descubrimiento 3: El show de tu vida

Cuando en 1998 se estrenó El Show de Truman no vi más que una adaptación a la gran pantalla de ese formato televisión de vida en directo, con múltiples cámaras retransmitiendo los aconteceres de una persona.

Recientemente, tras leer Tu vida épica, de Magda Barceló, descubrí el verdadero mensaje (oculto) de la película:

«Cuando esto ocurre, a menudo la persona se siente mal y no sabe por qué. Mira a su alrededor y, aunque en apariencia su vida va sobre ruedas, tiene la sensación de que le falta algo. Una metáfora de quedarse retenido en este estadio es la película El Show de Truman. El protagonista, interpretado por Jim Carrey, nación y creció dentro de un set de televisión sin saberlo, pensando que tal vez no son lo que parecen, el entorno y los que supuestamente le quieren hacen lo imposible por mantener el statu quo, boicoteando su crecimiento y evolución. Y así sucede en la vida real. Raramente el entorno nos dice «¡Ve y sé como tú, busca cómo quieres ser y vivir y hazlo!».

Todos somos Truman

Digámoslo de otra manera. Todos somos Truman, el personaje de la película. Vivimos encerrados en unos límites, aunque soñemos con ir más allá. Muchas veces encontramos personas en nuestro camino que nos frenan en nuestras intenciones: nuestra familia, nuestros amigos o seres queridos.

De manera que conspiran para que no hagamos lo que soñamos. Esto supone un dilema interior. Hacer lo que quieren los otros y traicionarnos a nosotros mismos o, por otra parte, hacer lo que queremos y traicionar a los que nos quieren.
Este es un dilema que ha sido una constante en mi vida. De hecho, cobré consciencia cuando una persona me comentó: X te tiene miedo. Eso me hizo pensar. No tengo que gustar a nadie, me tengo que gustar a mi.

Dicho en palabras de la película de El Show de Truman, me tengo que quedar en el mundo de comodidad y todos se sienten felices o ser el gran dueño de mi vida.

Si eso quieres, si de verdad quieres crecer no queda otra que abrir la puerta de ese mundo e ir más allá.

Durante años tuve la creencia de que si sobresalía, aparecería un martillo que me querría igualar con los demás. Al fin y al cabo, de eso va la socialización. Con el tiempo vi que me atacaban porque tenían miedo de que brillara más que ellos. El problema no era mío, sino suyo, que eran incapaces de asumir que alguien podía volar más alto que ellos.

Truman se podía haber quedado eternamente en ese mundo que le impedía crecer, pero el precio a pagar era su propia desvinculación: perder todo propósito y sentido a la vida. Cuando eso sucede, la única forma de salir de allí, es esquivar a todos los que nos frenarán para sentirse mejores y abrir la puerta a nuestra propia libertad. De lo que viene después, lo contaré otro día, pero hoy, el descubrimiento a compartir era éste: saber que hay mucha vida y crecimiento más allá del show de tu vida actual.

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