Descubrimiento 4: ¿Estás nominado?

Otra bonita metáfora de la vida: ¿Estás nominado?

La situación es la siguiente. Es la segunda semana en el concurso de la TV española ‘Operación Triunfo’, en el que 16 jóvenes aprenden música y tienen que defender una canción cada semana. En la gala semanal, uno de ellos será expulsado. Es la segunda semana y dos personas ya tienen la presión de irse a la calle, sin poder disfrutar del que ha sido uno de sus sueños, entrar en la academia músico-televisiva.

Por lo general, en su caso, cualquiera nos haríamos una primera pregunta: ¿por qué me han nominado a mí?

Desde fuera, es fácil comentar como simple espectador. El problema surge cuando somos los propios protagonistas. En este caso, una de las concursantes ARIADNA, tenía que defender una canción que implicaba un baile. Ella tiene una poderosa voz, quizá la mejor de toda la edición.

Pero, su sobrepeso es el origen de una evidente falta de confianza. Cuando la retan a bailar, directamente se desmorona. Su razón: «No puedo». Esto es, una creencia bloqueante.


¿Cuántas veces somos nuestro propio enemigo? Ya conté en la edición pasada como las personas que ganan este concurso no son las que mejor voz y cualidades musicales tienen, sino aquellas con mejor mentalidad de crecimiento. Es decir, afrontan los retos como una oportunidad de mejora y crecimiento.

Vamos con el segundo nominado, llamado Nick. Se trata de una persona con un pasado que no ha sido fácil, y se esconde detrás de una máscara, en lugar de dejar salir su vulnerabilidad, a pesar de que todo el mundo la ve cuando trata con él.

Para su segunda gala, en la que se juega seguir en su sueño o irse, elige una canción que, en cierta forma, es muy auto-biográfica. Para interpretarla bien, tiene que mostrar sus emociones, pero, está tan acostumbrado a vivir en la coraza, en recluir su vulnerabilidad bajo siete llaves, que eso hará que pueda mostrar su gran don.

Aquello que nos duele mostrar es donde está guardado nuestro gran poder. Y, el dilema de Nick es el de muchas personas. Pueden pasar por esta vida (concurso) sin mostrar realmente todo su poderío (su mejor don) porque tienen miedo a que les hagan daño o, sencillamente, a sufrir.

Finalmente, se atreve a mostrar (tampoco en exceso) parte de lo que lleva dentro y marca la diferencia.


Y, me recuerda lo que es la vida. Todos estamos nominados. Antes o después, abandonaremos el concurso. Y, ¿cómo queremos ser recordados? ¿Cómo la concursante que se paralizó ante el primer reto de bailar? ¿Cómo el concursante que se negó a usar sus dones? ¿O cómo la persona que salió adelante para dejar una huella en los demás?

Se trata, en el fondo, de dejarnos ver.

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