Descubrimiento 1: La vulnerabilidad es sólo el billete

¿Para ti qué es la vulnerabilidad? En mi caso, ha tenido un significado evolutivo. Ha ido suponiendo cosas distintas a lo largo de mi vida. En concreto, tres. Son mis tres tres formas de relacionarme con la vulnerabilidad.

Etapa 1. Desconocimiento

Como muchas personas, recibí una educación en la que mostrar los sentimientos no estaba bien visto. Los curas nos decían que «los hombres no lloran» y durante muchos años he reprimido las emociones. Era lo que habíamos aprendido que había que hacer.

Digamos que en esta etapa mi gestión emocional consistía simplemente en darle la espalda a mostrar en público cualquier síntoma de debilidad. Porque la vulnerabilidad estaba asociada a la debilidad. Llorar, mostrar sentimientos a otros era de ser poco hombre.

ETAPA 2. El flechazo

Mi segunda etapa la considero como un flechazo con la vulnerabilidad. En las formaciones con Ketan Raventós aprendí lo que podríamos denominar como el círculo de la plenitud.

El ser humano se asemeja a un fruto que tiene una cáscara exterior muy dura, otra capa intermedia y una exquisita semilla en el interior: son nuestra coraza, nuestra vulnerabilidad y nuestra esencia. Casi siempre habitamos en nuestra coraza, con ese personaje público que nos inventamos a medida que vamos creciendo, para que no nos haga daño la sociedad. La coraza nos da seguridad y control.

Para llegar a nuestro interior, a nuestra verdadera esencia, tenemos que atravesar la tierra media de la vulnerabilidad, donde se almacenan todas nuestras heridas, nuestros miedos y el recuerdo de todas nuestras experiencias dolorosas. Pero, conocerlos, y reconocerlos, es el comienzo de la plenitud. Sólo podemos crecer como personas y aumentar nuestra consciencia si buceamos de lleno dentro de nuestra vulnerabilidad. Sólo llegamos a saber quienes somos realmente cuando también conocemos nuestras sombras y las aceptamos.

Pero este ejercicio requiere de mucha consciencia: para detectar nuestras heridas y observarlas, sin juzgar. Solo desde la aceptación llega la plenitud. Ignorarlas o combatirlas solo logra perpetuarlas. Para trascenderlas, hay que incluirlas en nuestra identidad. Con naturalidad.

Evitar la vulnerabilidad

Por último, la esencia es tu naturaleza intrínseca, tu verdad, el ser único y perfecto que ya eres. Es el potencial que hay dentro de cada uno, al que se llega tras un largo camino de descubrimiento interior.

Hay muchas personas que quieren disfrutar de su esencia, pero tienen un tremendo pánico a meter la puntita de los pies en las aguas profundas de su propia vulnerabilidad. Para ellos, se inventó lo que llamo los “vaporizadores”, que imitan la experiencia de estar recién duchados, pero sin tener que mojarnos con nuestra vulnerabilidad.

La experiencia de ser vulnerable

Bueno, ésta es la teoría. Suena muy bonita, pero no se comprende hasta que uno realmente no se derrumba, deja caer la coraza y deja emerger todos esos sentimientos que llevamos tapando durante mucho tiempo. La vulnerabilidad es, y no encuentro una expresión más directa, toda nuestra mierda. Sí, nuestra mierda.

El problema es que nos creemos que el resto de personas no se dan cuenta, pero la mierda huele, y no muy bien. Y, por mucho que la escondas, el perfume llega a todos los lados. Así que, por mucho que lo ocultemos, vamos con nuestros palominos o nuestra plasta en la ropa interior, y la gente se da cuenta.

En mi caso, experimenté la vulnerabilidad cuando compartí con varias personas queridas cómo me sentía con respecto a un tema especialmente doloroso para mi y del que nunca había hablado en público. Comencé a llorar y al acabar me metí durante 20 minutos debajo de la ducha, para que se llevara todo eso que había salido.

La paradoja de la vulnerabilidad

La vulnerabilidad tiene una paradoja. Aunque pienses que mostrar las emociones es síntoma de debilidad, las personas que lo observan piensan lo contrario, que es todo un acto de valentía, en los tiempos que corren, mostrarse a pecho descubierto y con los sentimientos en carne viva. En mi caso, me agradecieron esa valentía.

Así que ahí empezó lo antes llamé flechazo con la vulnerabilidad. Además, tuve el premio de conectar con mi esencia, que en mi caso, desató una terrible creatividad. Y, como mi trabajo tiene como ingrediente la creatividad, me hice asiduo de la vulnerabilidad. Por decirlo en corto, durante algunos años era la Nancy llorona.

Pasas mucho tiempo evitando el dolor y cuando lo sientes descubres que no es para tanto. Claro que el paso es superar el miedo al dolor.

«Es más fácil causar dolor, que sentir dolor».

Brené Brown

ETAPA 3. Es el billete, no el destino

Me alegro profundamente de haber descubierto esta tercera etapa recientemente. La vulnerabilidad, como apunta la psicóloga americana Brené Brown en su charla en Netflix, es indispensable para crecer como personas.

Cuando estás en la coraza, y no reconoces tu vulnerabilidad, «machacas a otras personas con tu mierda», recuerda Brown.

Mi descubrimiento es que la vulnerabilidad es necesaria, hay que pasar por ella, pero no quedarse en ella. Es, como pongo en el título de este descubrimiento, sólo el billete. Es indispensable para ir de viaje. Pero lo que importa es llegar al destino, a tu esencia.

Descubrí por Eugenio Moliní que «el dolor no tiene en sí valor». Así que pasemos por él de la mejor manera posible y centrémonos en llegar a la meta. Y, la meta es tu esencia, la persona única que, de niño, dejaste de ser. Así que conviértete en el cambio que quieres y respeta a los demás como son. Intenta ver el potencial que llevan dentro y deja de querer cambiarles.

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